Bienvenida a Todos… Otra vez…

Saludos… A todos ustedes…
Espero que esta entrada y esta decisión no tome de sorpresa a nuestros sembradores, quienes durante estos años de vida del blog lo habían conocido como una publicación privada. Simplemente, he decidido que sería muy bueno compartir esto con más personas que estén interesadas en la lectura, el arte y el ocio.
Se trata de un blog donde se comentarán textos diversos, creaciones musicales, obras artísticas… Se trata de compartir puntos de vista que, sin pretender ser especializados (no creo ser un especialista en nada, pero sí un curioso en todo), nos pueden ayudar a diversificar nuestra visión de las cosas bellas que crean los artistas.
Esto surgió como un blog familiar para compartir lecturas. Antes de que este blog dejara de ser privado, habíamos leído cosas como Las Batallas en el Desierto, de nuestro extrañado autor José Emilio Pacheco, Nada de Janne Teller (seguro algún día comentaremos la obra homónima de Carmen Laforet); El Almohadón de Plumas, de Horacio Quiroga, La Broma Mortal, de Allan Moore y Brian Bolland -¡sí, un comic! Sólo para que vean que comentamos de todo-, entre otras lecturas de interés general.
Para evitar convertirme en un spoiler (estropeador, literalmente), no comentamos el final del texto, pero sí les agrego datos que permitan que la lectura les sea atractiva, y muy llamativa.
Si ustedes van a comentar algo, (lo cual me agradaría bastante) les recomiendo que esperen un poco antes de que aparezca el comentario, para revisarlo. La política es, como suele suceder en estos sitios, únicamente una cierta medida de respeto para las diferencias y sus correspondientes divergencias. Aún cuando un comentario no me sea favorable, si es un buen comentario respetuoso, les agradeceré que se tomen la molestia de hacerlo, con la confianza de que lo publicaré, pues estoy cierto en que en este campo no creo tener la razón absoluta, y las diferencias siempre son sanas para ampliar nuestro criterio.
Con confianza espero que esta aventura en las letras sea tan agradable y satisfactoria como lo ha sido para mí la lectura de muchos de estos libros y el haber presenciado tantas obras artísticas, y que así les parezca a ustedes.

Atte.
Paul Raven

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¿El Ser y la Nada? (Nada, de Janne Teller)

Nada

La polémica novela de Janne Teller… A un «click» de distancia.

Imaginen, lectores de esta columna, que no existe respeto, aprecio, o siquiera algún tipo de estima a eso que llamamos religión, a la inocencia, o bien a la felicidad misma. Imaginen que incluso una parte de su cuerpo no es sino algo relativo, y que incluso nuestros muertos no tienen valor de ninguna especie. Imaginen que por un instante, todo aquello que representa la suma de los valores de la cultura occidental se convierten, literalmente, primero en objeto de exhibición y después en basura, destacando de ese modo lo inservibles que son…

Alguien podría imaginarse que me refiero a alguna de esas apocalípticas lecturas de Ciencia Ficción, tales como Un Mundo Feliz, o incluso Crónicas Marcianas, o bien 1984 de George Orwell, constituyendo estas obras la tríada más crítica de la literatura de anticipación, y son estas tres novelas las que plantean de modo más que pesimista sobre la triste suerte que correrán los valores humanos… Pero la lectura de hoy no tiene nada de futurista. Lo triste del tema del libro de hoy es que justamente no trata de un futuro muy lejano, sino de nuestro cercano y vacío presente: se trata de Nada, de Janne Teller, una novela que podría hacer creer al lector de los primeros capítulos que se trata de alguna «hermosa» parábola, o de una «bonita» alegoría sobre el sentido de la existencia: Pierre Anthon, compañero de curso de la narradora (llamada Agnes) y del resto de los personajes, que constituyen entre sí los co-protagonistas, ha decidido subirse a un árbol, en vista de que nada tiene sentido. Y como nada de lo que hacen los demás tiene valor o significado ni para este momento ni para el futuro, ha decidido asumir la nada como su modo de existencia. Asume a la nada, en lugar de combatirla, como el resto de sus compañeros, a quienes acusa de estarse resistiendo a la vacuidad en que, al fin y al cabo, terminan todos los esfuerzos por hacer algo en la vida.

Sus colegas de la escuela, después de aburrirse tratando, a punta de pedradas, de hacerlo bajar del árbol en que se ha encaramado (no olviden los lectores este detalle), deciden que para demostrarle a Pierre Anthon lo ilógico de su postura, deben mostrarle el significado de las cosas que hay en la vida, refutando así su postura nihilista.

Deteniéndome un poco en este punto: ¿nihilista? sí, pero la postura de Pierre Anthon tuvo un efecto: provoca a sus compañeros en busca del sentido, y ellos van en pos de dicho sentido. Según se dice, la literatura de Janne Teller, que consiste principalmente de novelas y ensayos,  se concentra siempre sobre perspectivas existenciales de la vida y de la civilización humana, que causa a menudo debates polémicos, (como puede leerse en Wikipedia, o como puede verse en la entrevista que le hizo Brozo, -Víctor Trujillo- en El Mañanero, el 11 de marzo del 2013, donde además se habla de la prohibición que sufrió la obra en Europa… Aunque el estilo del comunicador deje mucho qué desear en torno a lo que dijeron sobre la novela, ya que banaliza mucho el tema del libro, y se va al aspecto meramente anecdótico de la trama… Bueno: lo positivo es que invitó a una autora que escribe en contra del stablishment. Ya es ganancia) (sic.).

Janne Teller

Janne Teller… Y la versión *.epub de su novela «Nada»… A un «click» de distancia…

Antes de Janne Teller, ya un gran filósofo se había planteado sobre eso que llamamos la nadaJean-Paul Sartrequien -estoy seguro- no necesita presentación para nuestros lectores. Con una críptica frase que extraje del prólogo de su célebre ensayo El Ser y La Nada, comprobamos que el problema que trata en su novela es más que vasto y complejo que como se ve en la historia. «El ser es eso y, fuera de eso, nada». ¿A qué se refiere?

Lo mío no es la filosofía, así que lo explicaré de la mejor manera posible: para Sartre, quien analiza en su texto los conceptos de Heidegger, considera que la nada permite delimitar el problema del ser, pues el ser es esoaquello que es. La Nada «(…) es lo que nos rodea; lo que el ser es se recortará necesariamente sobre el fondo de lo que el ser no es. (…)». (Sartre, Jean-PaulEl Ser y La Nada; trad. al esp. de Lebasi, J.; s/ed.; s/f.; p. 18). La Nada es, pues, el No-Ser que le da sentido al Ser.

Por ende, podemos apreciar ahora la densidad de lo que trata la novela, pero tratándolo con una sencillez que asombra: como los amigos de Pierre Anthon desean demostrarle lo erróneo de su postura, comienzan a forjar la idea de formar un «montón de significado«: un montículo al cual cada uno de los amigos deberá proporcionar un objeto o «algo» representativo de cierta actividad suya, de un sentimiento, de una emoción, o incluso algo que conlleve un valor espiritual o sentimental muy valioso para ellos.

Al principio, uno bien se puede esperar ciertas «ofrendas» (pues el «montón de significado» da más la impresión de una pira de sacrificio): una bicicleta, un instrumento musical, una muñeca, un peine, una cinta (cassette) de The Beatles… Todo hasta ahí corresponde a una novela con más orientación cercana a a algo como la literatura de superación personal… Al menos, hasta que se les ocurre exigir un cadáver para colocar en el montón de significado: el hermano de Elise, una de las niñas co-protagonistas de la historia.

Desde ese momento, hasta aquellos en que se entregan al montón cosas como la alfombra de rezos de un niño musulmán… Si alguien conoce qué tan importante es para los musulmanes, se dará cuanta de que es justo en este punto donde la novela entra a una parte crítica. Si no, lean este fragmento, extraído de un sitio de Internet donde se han dispuesto, en español, los recursos para la consulta del Corán:

«Cuando entras a cualquier mezquita, lo primero que te llama la atención es su sencillez. Realmente, el típico visitante no tiene mucho que ver. No hallará ni capillas laterales de entramados complicados, ni estatuas, ni pinturas, sólo un espacio alfombrado destinado al rezo. Independientemente de que sea grande o pequeña, el plan interior es más o menos igual en todas: un espacio abierto con la dirección de La Meca claramente indicada en una de las paredes. La palabra árabe que significa mezquita, masÿid, quiere decir simple y llanamente “lugar de postración”; de ahí que cualquier lugar en la tierra podría ser una mezquita para el musulmán. Dondequiera que el musulmán se arrodille ante Al∙lâh en su rezo y cualquier parte de la tierra sobre la que caiga postrado ante Él, será considerado como un lugar sagrado».

La cosa no para ahí: si al niño musulmán se le obliga a entregar al montón de significado su alfombra de rezo, ¿podemos imaginarnos qué pasa cuando al «piadoso» Kai le piden llevar el Cristo de su Iglesia? Quizás es ésta una de las partes que han satanizado más en Europa, pues el Cristo llega roto (de las piernas), y la perra Cenicienta (que los viene siguiendo desde el cementerio, cuando se llevaron el cuerpo del hermanito de Elise) todavía tiene el «detallazo» de orinar la efigie del Cristo (o lo que quedó de ella).

No diré más sobre la trama, pues ciertamente es uno de los atractivos de la misma el ir descubriendo hasta dónde pueden ser capaces los chicos de la novela, pero sin duda alguna, el hecho mismo de desacralizar, de relativizar el valor de las cosas en la novela, no forma sino parte de un sano cuestionamiento que la sociedad occidental debe hacerse. No diré si estoy o no de acuerdo con la forma en que estos símbolos son llevados al «montón de significado», pero lo que sí es necesario es comprender que nada de lo más sagrado que pueda llevarse a es montón tiene sentido alguno si nosotros lo hemos desprovisto de él. En la novela, con un evento sencillo, nos muestran la futilidad de los esfuerzos de los chicos. La Nada, pues, es sólo aquello contra lo cual se recorta la silueta del Ser, que no es ni siquiera nuestro cuerpo, sino aquello con lo que le damos sentido a la vida ¿El alma? ¿El espíritu? ¿El demon socrático? Vayan ustedes a saber, mis cultos lectores. Yo tengo mi propia respuesta.

Pierre Anthon, culpable de haberles hecho reflexionar sobre lo que tiene significado, es apedreado, como dije al principio, a semejanza de los profetas, quienes conmueven al mundo que es inacapaz de entender la trascendencia de su mensaje. Como un Zaratustra.

Algunos podrían ir más lejos, comparándolo con el Cristo. Personalmente no lo equipararía con Cristo, excepto en una cosa: Pierre Anthon hace lo mismo que todos aquellos que buscan despertar a la humanidad de su marasmo existencial: los hace conscientes de lo que les falta. El Mundo suele pagar mal estos esfuerzos, y normalmente los somete al descrédito, o a la mera indiferencia, o los mata en el nombre de la mayoría de la humanidad.

Sien embargo, y ya para concluir, ¿realmente tenemos tanto hábito por la mediocridad, y la falta de cuestionamiento de lo que somos, que el único camino para cambiar las cosas es la muerte? ¿Lo único que le da significado a la vida es hacernos conscientes de la Nada que nos rodea, para comenzar a moldear nuestro Ser? Y disculpen ustedes que esto no pueda decirlo en forma fácil. Será porque es muy complicado…

Hasta nuestra próxima lectura.

 

Podré no estar de acuerdo con lo que digas, pero daría hasta mi vida por defender el derecho que tienes de decirlo.

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Momentos de una Mente Extraviada en los Delirios de la Razón: la Poesía de una Sembradora

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Momentos de una Mente Extraviada en los Delirios de la Razón… A un «click» de distancia.

Las apariencias engañan: Leí en El Siglo de Torreón, en una columna de Antonio Álvarez Mesta que:

«(…) Gabriel García Márquez, en su artículo «La Poesía al Alcance de los Niños», publicado en el periódico El Espectador el 25 de enero de 1981, arremete contra los profesores de literatura que en todo texto literario buscan simbolismos especiales y que pervierten el gusto de sus alumnos al imponerles las más disparatadas interpretaciones. En ese mismo artículo, el Gabo refiere la anécdota en que participó su hijo Gonzalo, quien al presentar un examen de literatura en una universidad estadounidense, le fue preguntado el simbolismo del gallo en la novela El Coronel No Tiene Quien Le Escriba. Gonzalo, fiel hijo de su ocurrente padre, respondió que era “el gallo de los huevos de oro” y obtuvo una pobre nota. En cambio los alumnos que simplemente repitieron la respuesta dada en clase sacaron calificaciones altas. Su sabiondo profesor les había compartido como si se tratara de una suprema revelación que el gallo simbolizaba la fuerza popular reprimida. Asombrado al enterarse, Gabriel García Márquez declaró que el gallo simplemente era un gallo. A lo largo de los años ha reiterado su firme oposición a la manía interpretativa de infinidad de académicos que a menudo termina en la consagración de disparates (…)». 

Este ejemplo me gusta narrarlo en clase para explicarles a mis alumnos cómo es que una obra literaria, en tanto que es una manifestación artística, en primera instancia no puede ser interpretada de manera unívoca, a diferencia de una ecuación matemática, que sólo tiene un y único resultado. Cierto, cada matemático o estudiante tienen los medios para llegar a ese resultado, y supongo que es eso lo que les causa admiración y embeleso a propios y a extraños de resolver una ecuación: la forma en que la mente humana es capaz de obtener un resultado por diferentes vías, y que siempre es posible resolverlo, o la forma hábil en que podemos ver distintos caminos propuestos por distintas personas, y probar con ello que los seres humanos podemos abrir muchos caminos y puertas a nuestros semejantes. Así pasa con la interpretación literaria: en tanto que existen diferentes caminos para interpretarla, (y que llegan a diversos resultados), lo apasionante es ver como cada uno puede generar su propia concepción, y de qué manera podemos sustentarla. En cambio, actitudes como la del maestro que reprobó al hijo del Gabo no pueden ser, en mi juicio, mas descorazonadoras y dignas de lástima. Se explica con este tipo de anécdotas el porqué los niños se niegan a leer en la escuela, si el dogmatismo y cerrazón de los maestros es más fundamentalista que el de ciertas sectas religiosas (y ahí me detengo cautelosamente, no sea que se me acuse de hereje, apóstata, blasfemo, etc., etc.).

Sin embargo, no le echemos toda la culpa al maestro y al  sistema educativo (que por si fuera poco, nuestro propio sistema escolar se encuentra perpetuamente en crisis desde que tengo memoria). No. Esa mala costumbre de interpretar la obra literaria, y asumir que sólo existe una y única interpretación para un texto, y que por más citas que se agreguen y bibliografía que se cite, jamás habrá una definitiva. Un comentarista o crítico sensato coincidirá con otros en ciertos puntos, pero ninguno de los dos podría decir que cada una de cada cual es la definitiva. A lo mejor les pasa como al maestro: por creer a ciegas lo que dicen los críticos de tal o cual obra, se pierden la oportunidad de abrir su mente a nuevos planteamientos.

A pesar de todo, el ejemplo mencionado resulta sintomático de otra cosa: con respecto al autor, si bien éste tiene en mente una idea determinada de lo que quiere decir, puede suceder que los eventuales lectores comprendan otra cosa diversa. Podrán coincidir en algunos elementos, pero el comprobar, -como autor- que tu obra tiene apertura y otros sentidos para otras personas es lo que cualifica al texto literario como obra de arte.

Así pues, y con lo anterior que me sirva de excusa, voy a atreverme a interpretar el sentido de algunos textos que cayeron en mis manos, (o, mejor dicho, que cayeron al disco duro de mi computadora, después de una serie inolvidable de intercambio de e-mails), esperando una mejor suerte como analista y como crítico, y que la autora, a su vez, no nos prive en lo futuro del placer de leer nuevas creaciones.

Les puedo comentar que la autora de hoy posee ciertas cualidades: es afable, discreta, y es de esas extrañas personas que suelen dar mucho por las personas que ama. Es capaz de observar el lado luminoso de las cosas:

«(…)No puedo trazarte límites

dentro de los cuales debes actuar,

pero sí te ofrezco

el espacio necesario para crecer. (…)»

…Así como también trasladarnos a la amargura más profunda:

«(…)Roto el juego que jugamos

busco dentro del rito de la locura

un trozo de amargura mía

que ayude a olvidar que existe alegría…(…)».

Pero eso no nos dice más por el momento que el hecho de que es, ni más ni menos igual al resto de los escritores. Ello, porque al igual que como reza el Bardo de Stratford-Upon-Avon: «Estamos hechos de la misma materia de que están hechos los sueños» (La Tempestad, Act. IV, Esc. 1). Todo lo humano es confuso, y el escritor le da forma a esa confusión, de manera caprichosa, para comunicarnos el doloroso mundo que erige en su mente.

Sin embargo, tengo que confesar que hacia ese año, no sabía exactamente qué había pasado en la vida de nuestra autora,  de modo que no podría afirmar si estaba pasando por un mal momento o no. Tan sólo encuentro que, entre la serie de e-mails del 2003, entre la serie habitual de cadenas de amistad y buenos deseos, (de ésas que hay que enviar a muchas personas para que se cumpla un deseo), me enviaba, (a petición mía), las poesías.

Se lo pedía, porque encontraba metáforas interesantes. Cosas de ésas que golpean el alma al primer vistazo:

(…) «Mi silencio se vuelve grito, tu presencia es mi castigo… » (…)

Al igual que muchos contemporáneos, ya no encuentro métrica. Aunque aún hay resabios de esa vieja ciencia poética del ritmo y la rima:

(…) «Nunca olvides mirarme
cuando te alcance una espada,
porque busco causas perdidas
y las convierto en batallas ganadas» (…)

En más de las ocasiones, en este pequeño volumen de poesía que estoy comentando, el ritmo y el sentido dependen de la repetición persistente de una palabra. Véanse, por ejemplo, estas estrofas:

(…)«Y sigo aquí, en la acera fría y sin vida

recordando que mi vida no es vida

encontrando huecos en la gente

vacía de vida…» (…) 

Recuerdo que me llamaba la atención la insistente forma de repetir la palabra «vida». Pensé que se trataba de un error de redacción, pero también recordé que los poetas constantemente desbrozan el camino del lenguaje, y lo que aparentemente es un error (pleonasmo), descubrimos que es insistente no sólo por la desesperación con que se repite, sino porque en la repetición se pasa del pleonasmo a la traslación de sentido: la vida se convierte en muerte, porque eso es lo que en realidad intenta decirse: acera fríahuecos en la gente… Todo eso es sinónimo y descripción de lo desierta que es la muerte…

Es curioso lo poco que se puede conocer de la gente que escribe y que está al lado de uno: en el volumen encuentro también una serie de interesantes imágenes eróticas:

(…) «Por tu cuerpo sería mar profundo ,
sería humedad eterna;
y recorrer tus pliegues menos tocados» (…)

Un viaje por el Eros y el Thánatos de la vida de una mujer hace diez años: esto es lo que les traigo hoy, y que, como de costumbre, sólo reseño brevemente para no estropearles el gusto de la lectura.

La edición esta vez estuvo a mi cargo, y puede imprimirse para engraparlo como un folleto, que espero que disfruten.

Finalmente, y a riesgo de que me pase con esta columna como dice el Maestro Enrique Ruelas de los malos autores, que: «cuando un ser humano padece de esa obsesión de carácter expresivo y quiere comunicar ideas de manera artística, sea en forma de poemas, cuentos, ensayos o novelas (…) y la persona en cuestión no tiene capacidad ni criterio para escribir (…). esta persona, que tal discurre en su gabinete a la hora que puede, le dará trabajo al impresor y a los esforzados lectores, debido a que a veces, (…) éstos buscan regalar a los amigos la obra en cuestión, y los sufridos destinatarios tendrán que leer o por lo menos formarse una idea para opinar ante el autor (…)» ustedes recordarán que no les pido comentarios para las entradas, (si lo hacen, es bueno: al menos, sabemos que nos leen, ¡je, je!). Hoy, sin embargo, y dado que creo que a nuestra sembradora autora del día de hoy le agradará leer los comentarios que hagan sobre sus textos, les pediría a los lectores de esta columna que nos obsequien un comentario para estos Momentos de una Mente Extraviada en los Delirios de la Razón, (por cierto, no debe culparse a la autora del kilométrico título: me pareció que era  una buena idea, y así «bauticé» el pequeño volumen).

 A nuestra Sembradora le envío un cariñoso abrazo y un beso, y al resto les pido sus comentarios, y nos leemos próximamente. Que lo disfruten.

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La autora de «Momentos de una Mente…»

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Homo Femini Lupus: Mujeres Que Corren Con Los Lobos, de Clarissa Pinkola Estés.

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Un libro que compensa su larga extensión con el interés que despierta… Como siempre, a un «click» de distancia…

Me da gusto volver a retomar esta columna, que había dejado pendiente por la gran cantidad de obligaciones que me llevaron a posponer la publicación de nuevos artículos. Es lógico: somos sembradores, que además de cultivar la parcela del Arte, sembramos también para nuestra manutención… Y desafortunadamente, eso nos toma bastante tiempo de lectura.
Habiendo concluido las vacaciones invernales, decidí cumplir con la palabra empeñada a la sembradora que cultiva las mentes y la fotografía, quien me recomendó este libro, de la doctora norteamericana (a quien citan específicamente como Analista Junguiana), Clarissa Pinkola Estés.
Antes de iniciar la reseña de mi lectura de uno de los capítulos del libro, y en vista de que la autora es seguidora de la teoría de Carl Gustav Jung (1875-1961), será bueno recordar que Jung estableció para la psicología la existencia de los arquetipos, que se definen como todas aquellas imágenes oníricas y fantasías que correlacionan con especial similitud motivos universales pertenecientes a religiones, mitos, leyendas, etc..
No es el espacio aquí para definir de manera apropiada el campo médico y práctico de esta teoría (pues para empezar, no soy psicólogo, sino prospecto seguro de paciente, je, je), a pesar de que empleo los fundamentos de ésta con cierta regularidad en el análisis de las obras que leo con mis alumnos (concretamente, Phillip Wheelwright, autor de Metáfora y Realidad). Sin embargo, podemos comprobar que, en el tratamiento de una persona, si la imagen arquetípica tiene alguna variación con relación al significado fijado por convención establecida por la similitud de mitos, leyendas o religiones, es posible que exista alguna situación que requiera solución. Ejemplo: el arquetipo del «padre», según puede entenderse, tiene una función simbólica que nos remite a reglas, herencia, expectativa, falo, masculino, cierto poder. Sin embargo el «Gran Padre» es un Arquetipo, algo que nos hace proyectar un “padre” colectivo en la figura de un gran Dios masculino que todo lo ve, como es común en la religión occidental. Cada persona puede tener una relación diferente con esas ideas, pero sería bastante anómalo considerar a una persona que encauza la idea de «padre» como un torturador (por poner un caso), y que ello produce trastornos con relación a su entorno: ahí habría una evidencia de que algo no anda bien en las concepciones de la persona por alguna razón, y hay que ubicar qué es lo que sucede, y cómo es que se presenta esta problemática del individuo con respecto al arquetipo. Cabe aclarar que tampoco se trata de que esta persona deba tener la misma concepción de arquetipo que tenemos todos, pero sí de aliviar las tensiones que tenga la persona que siente conflicto con respecto a esa situación. Para detectarlo y tratarlo supongo que se requerirán los instrumentos propios de la psicología.
La doctora Clarissa Pinkola habla sobre este punto, con relación a los arquetipos de ciertas leyendas, al «rol» que adopta la mujer en éstas, en concordancia con los arquetipos, y crítica sobre la forma en que la sociedad masculina responde ante estas circunstancias.
Esto nos podría hacer pensar que el libro posee un discurso feminista, y que emplea la idea de los Arquetipos para ampliar, con el sustento proporcionado por el mundo mítico, legendario y religioso, la crítica al machismo y a la sujeción de la mujer: a mí no me lo pareció totalmente, pero sí leo un discurso de esa especie en la tónica general. Bueno. Lo dejo a consideración del lector.
El capítulo en cuestión, que me fue sugerido para su lectura por una de las interesadas lectoras en la literatura de la Doctora Pinkola, nos presenta el Arquetipo de la. «Mujer Salvaje», del cual argumenta que demostrará su existencia.
La doctora adapta las ideas de Jung para agregar este arquetipo femenino a la teoría, (los cuales son La Madre Terrible, El Alma Gemela y el de laGran Madre) y sustenta su teoría del Arquetipo de la «Mujer Salvaje», describiendo la Tierra, que se expresa a través del cuerpo de la Mujer, y simbolizando el significado de la plenitud, la fertilidad, la redondez, y el sentido vital del cuerpo como un sentido adicional a los cinco tradicionales (estos valores que habitualmente son asignados al arquetipo de la Gran Madre).
Durante todo el libro, (pues di un vistazo a algunos de los capítulos anteriores y posteriores al que estoy comentando, que es el Capítulo Siete, que comienza en la página 163), la Doctora Pinkola expresa analogías entre el comportamiento de las manadas de lobos y nuestro propio comportamiento.
La comparación de la conducta humana con la etología animal es un asunto que se volvió científico y sumamente polémico con el ensayo de Desmond Morris, en El Zoo Humano, allá por 1969, y en este caso, la autora no se sustrae a esta comparación; aunque por lo regular para la autora, las comparaciones con los lobos suelen ser muy desfavorables para los seres humanos. Se trata de una metáfora en la que nos presenta la vida salvaje de los lobos como deseable, pese a que los lobos tienen una muy mala fama, y ése es justamente el objetivo: mostrarnos que las apariencias y las imposturas sociales han terminado por desgastar la autoestima y valor de la mujer.
Los lobos, (a los que la Doctora Pinkola Estés dice haber observado cuando realizaba estudios de Biología), son animales de quienes dice que son increíblemente adaptables, y dentro de su hábitat, el salvajismo en el que viven se muestra como sano a todas luces, pues en éste los lobos se conducen con libertad, sin restricciones de algún tipo sobre apariencias… Y es aquí donde el discurso del capítulo es interesante y esclarecedor: dice que las lobas no sufren por envejecer, y sus instintos básicos y vitales (léase «sexuales») tampoco son afectados y menos restringidos por causa del envejecimiento o la apariencia. Así como la Tierra no por ser más vieja deja de ser fértilo de contener en sí misma el germen de la vida, los impulsos vitales de las lobas tampoco sufren disminución por su figura y edad.
Es entonces cuando pasa a describir a los lobos y a la Mujer Salvaje y fértil en comparación con nuestra sociedad humana occidental. En ella, las mujeres son sometidas a maltrato de su autoestima y sus necesidades vitales por causa de los ridículos modelos de belleza impuestos de manera antinatural por las sociedades hipócritas y de doble moral que los han desarrollado desde la creación de estereotipos de belleza femenina.
Desde que se institucionaliza la figura delgada (hasta la anorexia), y el recatamiento (falso) con el que la mujer debe conducirse, se han eliminado todos los vestigios de una actitud frente a la Naturaleza que le permitía a la mujer ser como quisiera ser, sin necesidad de transformar su físico para serle agradable ya no digamos al hombre, sino incluso a otras mujeres que comparten los mismos convencionalismos sociales.
La autora cuenta varias anécdotas de cómo mujeres en otras culturas (África, los Apaches de América del Norte) estiman el físico redondo de la mujer, en tanto que sintoniza con la imagen misma de la Tierra, que es redonda y fértil. No relataré mucho sobre esto, para no estropearles la lectura (uno de los propósitos de este blog desde su creación), pero no resisto la tentación de incluir ésta, que me parece muy ejemplar de lo que les comento:

(…) «Los visitantes que sueñan con la frágil belleza de una delicada mariposa experimentan un inevitable sobresalto cuando ven saltar a María Luján. Es gorda, decididamente gorda, como la Venus de Willendorf, como la Madre de los Días, como la mujer de proporciones heroicas que pintó Diego Rivera, la que construyó la Ciudad de México con un solo quiebro de la muñeca. Y, además, María Luján es vieja, muy, muy vieja, como si hubiera regresado del polvo, tan vieja como el viejo río y como los viejos pinos que crecen en el lindero del bosque. Lleva un hombro al aire. Su manta negra y roja salta arriba y abajo con ella dentro. Su pesado cuerpo y sus huesudas piernas le confieren el aspecto de una araña que brinca, envuelta en un tamal. Salta sobre un pie y después sobre el otro. Agita su abanico de Plumas hacia delante y hacia atrás. Es la Mariposa que llega para fortalecer a los débiles. Es alguien a quien casi todo el mundo consideraría débil: por la edad, por el hecho de representar a una mariposa, por ser mujer. El cabello de la Doncella Mariposa llega hasta el suelo. Es de color gris piedra y tan abundante como diez gavillas de maíz. Y luce unas alas de mariposa como las que llevan los niños en las representaciones teatrales escolares. Sus caderas son como dos trémulos cestos de treinta kilos de capacidad y el carnoso repliegue de la parte superior de sus nalgas es lo bastante ancho como para que en ella se sienten dos niños.

Salta, salta y salta, pero no como un conejo sino con unas pisadas que dejan ecos.

«Estoy aquí, aquí, aquí…

«Estoy aquí, aquí, aquí…

«¡ Despertad todos, todos, todos!»» (…) (p. 172)
La autora tal vez tarde en que se acepte el arquetipo «Mujer Salvaje» dentro de la teoría tradicional. Pero obra como verdadera psicóloga al tomar en cuenta el factor social como un determinante de la visión que tenemos de nosotros, y nos advierte, teniendo el mito, la leyenda y el Folklore de los pueblos, que existe una grave anomalía en la forma en que conceptualizamos la belleza de nuestras Mujeres Salvajes, y que es necesario comenzar a concientizarse de ello. Y emplea para ello una de las experiencias más didácticas de la humanidad: la reflexión sobre el Mito.

¡Que tengan una feliz lectura, y nos leemos la próxima semana!

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El Horror del Modernismo: El Almohadón de Plumas

Una de las más importantes aportaciones al horror… Desde Uruguay, con amor, a un «click» de distancia, disfruten «El Almohadón de Plumas»

Muy apropiada resulta la selección musical con la que estoy escribiendo esta nueva entrada, mis estimados sembradores. Se trata de un oscuro y macabro track llamado Coma, de Apocalyptica. Como de costumbre, si desean escuchar el track o ver algunas de las cosas que suelo mencionar en los textos, hagan «click» en el enlace que puse en el título de la canción, descarguen el relato, ábranlo y… Prepárense a recibir a las sombras provenientes del cerebro de uno de los mas grandes escritores uruguayos: Horacio Quiroga.

Además de nuestra lectura de hoy, la que tardó dos semanas en llegar a ustedes por causa de mis obligaciones de trabajo, quiero aprovechar para enviar el saludo a nuestra sembradora más querida, quien sufrió por causa de un evento reciente. Un evento tan desagradable, que además de permitirme solidarizarme con ella, (pues yo también resentí uno igual), me lleva a enviarle mis mejores deseos por su recuperación, pues no debe olvidar que todos estamos con ella. Con ella, y con su hermana, quien por las últimas noticias, sé que se halla muy bien de su fractura, y jugando lo de moda en su computadora (o sea, «Angry Birds»). Mientras reposa y se divierte, le envío todo mi cariño y deseos de recuperación.

Asimismo, quiero brindarle la bienvenida a dos nuevas sembradoras a este club (es decir, si ellas aceptan la invitación). Espero que se sientan motivadas a curiosear en todas las partes de este blog, e incluso a leer las entradas anteriores para encontrar esparcimiento y gusto en este club de lectura.

De Horacio Quiroga,  y volviendo a nuestro libro, debo decirles que llegó a este mundo el último día del año de 1878 y se marchó del mismo por sus propios medios el 19 de febrero de 1937, al brindar por su próximo fallecimiento con un vaso de cianuro, luego de saber que un cáncer se lo llevaría al Otro Lado. Con un tormentoso final como éste, no es de extrañar que nuestro autor hubiese tenido el temperamento de escribir uno de los más finos y acabados ejemplos de la prosa de horror: El Almohadón de Plumas.

Cuando Quiroga ha reunido los cuentos que publicaba por aquel entonces como piezas separadas en revistas como P.B.T., Pulgarcito (curioso nombre), y Caras y Caretas (donde en 1905 aparece El Almohadón…) en 1917, su joven esposa Ana María Cirés ha fallecido dos años antes. ¿Acaso habría escrito este crudo relato como una premonición, pues justamente la co-protagonista, esposa de Jordán, -el personaje principal- fallece de forma inexplicable en este cuento? Sería exagerar demasiado. Prefiero creer que simplemente este cuento, incluido en los Cuentos de amor de locura y de muerte (que así indicó Quiroga que tenía que escribirse, sin comas), es una historia que refleja más sus influencias literarias: concretamente, Edgar Allan PoeGuy de Maupassant. Sobre Edgar Allan Poe los sembradores pueden consultar la entrada sobre La Hipnosis y Los Hechos en el Caso de Mr. Valdemar (The Facts In The Case of Mr. Valdemar); sobre Maupassant, pueden hacer «click» para ver lo que dice la Wikipedia sobre este autor (quien seguramente será tema de alguna entrada futura de este blog, pues he leído algunas de sus narraciones, y me parece de justicia hacerle un espacio).

Durante muchos años, El Almohadón de Plumas se ha erigido como el «Caballito de Batalla» de los profesores de Español. Así pues, no sería de extrañarse que les diga que el único buen recuerdo que tengo de una profesora de Español en mi primer año de secundaria es justamente que me haya encargado el volumen de Cuentos de Horacio Quiroga para leer. A todos los alumnos en el mundo se nos dificulta leer por encargo, y más cuando se trata de la escuela; pero en esta ocasión, como justamente es el cuento de hoy el que abre el libro de Cuentos de la vieja edición de Porrúa en su prestigiada colección Sepan Cuántos…, me quedé hondamente aterrado. Mi maestra tenía un atavío que presagiaba a esta tribu urbana tan popular por allá de los ’90 en México, que vestían de terciopelo negro y altas botas, con maquillaje negro en los ojos, que les prestaba un aspecto vampírico: parecía una premonición de los «darkies». No dudo que justamente Horacio Quiroga nos lo encargara justamente una persona así.

El texto comienza con un aparente conflicto en una pareja:

«Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer» (…).

Sin embargo, la tragedia los unirá , pues aunque pareciera que habrá problemas en esta pareja por causa de sus dispares caracteres, la Muerte llega en medio de un escenario muy a propósito para su entrada:

(…) «La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia» (…).

Una extraña enfermedad ataca a Alicia:

(…) «Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido» (…)

El sufrimiento del marido no es suficiente para salvarla. De nada sirve que le grite a los médicos, o que los insulte: su esposa morirá irremediablemente. Con una prosa limpia, poco adornada, pero empleada sabiamente como para mantener al lector en suspenso, Quiroga logra su objetivo, que tan bien supo desarrollar de su propia teoría, que diera a conocer en forma de un Decálogo del Perfecto Cuentista (si tienen curiosidad, pueden consultarlo completo en el vínculo):

(…) «No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.» (…)

Horacio Quiroga, maestro de cuentistas

Quiroga demuestra que agregar muchos adjetivos no conduce al lector a donde el escritor quiere: no lo llevará a poner más atención, ni lo horrorizará, ni lo interesará mucho más. En esto, nuestro autor le lleva delantera a algunos autores modernos, como J.K. Rowling o incluso mi muy estimado John Ronald Reuel Tolkien, ya que en ocasiones escucho una gran cantidad de quejas de algunos jóvenes lectores sobre la exageración en que se incurre con los adjetivos: a muchos lectores maduros la lectura de cualquier novela del ciclo de Harry Potter les produce cansancio por la cantidad de adjetivos que le da a muchos objetos, y los episodios aparentemente sin sentido que agrega a las aventuras del mago; del mismo modo, no he hallado muchas personas que conozcan los episodios del ciclo de El Señor de los Anillos, porque no soportan muchas líneas como éstas:

(…) «Hacía casi tanto calor como en la víspera, pero unas nubes comenzaron a levantarse en el oeste. Parecía que iba a llover. Los hobbits descendieron por una verde barranca empinada, ayudándose con pies y manos y se intemaron en la espesura de la arboleda. El itinerario que habían elegido dejaba Casa del Bosque a la izquierda y atravesaba oblicuamente los bosques en la falda oriental de la colina hasta las planicies del lado opuesto. Luego podrían seguir en línea recta hasta Balsadera, a campo abierto, aunque cruzando unos pocos alambradas y zanjas. Frodo estimó que tendrían que caminar dieciocho millas en línea recta.

No tardó en comprobar que el matorral era más espeso y enmarañado de lo que parecía. No había sendas en la maleza y no podrían ir muy rápido. Cuando llegaron al fin al pie de la barranca, se encontraron con un arroyo que bajaba de las colinas; el lecho era profundo, los bordes empinados y resbaladizos, cubiertos de zarzas y cortaba de modo muy inoportuno la línea que se habían trazado. No podían saltarlo, ni tampoco cruzarlo sin empaparse las ropas, cubrirse de arañazos y embarrarse de pies a cabeza. Se detuvieron buscando una solución.» (…)

-De : La Comunidad del Anillo, de  J. R. R. Tolkien, p.p. 227-228.

En efecto, si podían seguir hacia adelante dieciocho millas, estaba por llover, y estaba lleno de matorrales, pues mejor buscarle por otro lado y no contárnoslo todo, ¿no? Pero así es el estilo de los autores. A algunos sí nos gusta, a otros no (me confieso fan-from-hell del Master Tolkien y de la Rowling). Por eso, casos como el de Quiroga, quien construye un estilo que desde aquel año de 1905 le ha gustado a los lectores hasta nuestros días, adquiere validez cuando dice en su decálogo:

(…) «No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.» (…)

Justamente es por este rasgo de limpiar la expresión literaria de adjetivos lo que emparenta a este autor con el movimiento del Modernismo, cuyo autor precursor y máximo representante del estilo es Rubén Darío. En 1888, con el emblemático nombre de «Azul…», el nicaragüense Rubén Darío inaugura el estilo modernista, que es el gran regalo de Hispanoamérica a la literatura mundial, ya que no se dio nada igual en el mundo, aunque este movimiento tomó elementos del Simbolismo y el Parnasianismo francés…

Y como ya estoy hablando en términos críticos, mejor me detengo aquí, y para no arruinar la lectura con toques de eruditismo, los invito a leer también El Pájaro Azul, cuento que, incluido en «Azul…», es una historia hermosa y trágica en la que se puede leer por qué a Quiroga lo relacionan con el modernismo: la descripción de los eventos aparece relatada con tanta parquedad pero con tanto sentimiento, que conmueve hasta al lector más frío.

Y sin más, nos veremos pronto por aquí. Saludos y… Que tengan buenas noches en sus almohadones de pluma…

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La Otra Biblia: El Cantar de los Cantares

Uno de los textos más hermosos de la Biblia… A un «click» de distancia.

Sé que los últimos momentos han resultado algo difíciles para los sembradores de este campo, pues una de nuestras lectoras más queridas ha pasado por momentos muy complicados para su salud. Sin embargo, desde este espacio le envío un cordial y cariñoso saludo, y estoy seguro que, por el gran corazón que tiene, éste todavía tiene mucho que darnos, (además del nombre de este blog, el cariño y todo lo que nos ha dado generosamente en nuestra vida, y es poco este espacio para reconocérselo). Por otro lado, y antes de la lectura de hoy, no pasaré por alto la oportunidad de criticar por una nota a un gran maestro literario, quien lamentablemente opina que el asesinato cruel e infame de los animales es una buena idea. En «Defiende Vargas Llosa la Fiesta Taurina», el autor de «Pantaleón y las Visitadoras» declara que… (…) « los aficionados a la fiesta taurina “amamos profundamente a los toros y no queremos que se evaporen de la faz de la tierra, que es lo que ocurriría si las corridas desaparecieran”. (…). Es menos digno de respeto, en cambio, que quienes quisieran acabar con los toros, “traten de privarnos de la fiesta a los que la amamos: un atropello a la libertad no menor que la censura de prensa, de libros y de ideas”.(…) No, señor Vargas Llosa. Tal como el famoso personaje de Quino, Mafalda, dijera en una tira hace años: «¿Que clase de periodismo es éste? ¡Falta la opinión del perro!»; sólo que en lugar de «perro», digamos «toro» y estará completo: me parece que al toro no le parecería estar contribuyendo a la «libertad» de nadie con su sacrificio. Tal vez si el señor Vargas Llosa sufriera en una corrida los estoques, las banderillas, y el «rasurado» (bárbara costumbre de limar los cuernos del toro, sin anestesia ni algún otro medio que les permita evitar el dolor de esta operación) en una corrida donde él fuera el toro opinaría algo distinto. Ello no demerita en absoluto la gran obra de Vargas Llosa -la que aprecio y estimo enormemente-, a quien no sólo le reconozco su agilidad narrativa, y la profundidad de la crítica a través de la ridiculización, que incluso puede llegar a niveles profundamente humanos (La Tía Julia y el Escribidor, Pantaleón y las Visitadoras), asimismo el dramatismo y la compenetración humana de los personajes de sus narraciones con los duros conflictos que viven (La Ciudad y Los Perros, La Fiesta del Chivo). Tal vez por eso esperaría otra conciencia de este respetado escritor. Por otro lado, reconozco que grandes obras de la literatura están basadas en el tema de la Tauromaquia (Federico García Lorca: Llanto Por Ignacio Sánchez Mejíaso Vicente Blasco Ibañez: Sangre y Arena). Pero pretender que hoy que tenemos más conocimientos científicos sobre veterinaria, zoología, etología, y que tenemos conciencia de lo que les sucede a los animales, y aún así debemos ignorar todo lo que estas ciencias aducen sobre el sufrimiento de los animales, y no hacernos responsables con el conocimiento que hemos generado, es irresponsable. Pongo por caso los fundamentos de la ecología, cuyos avances nos han demostrado que no podemos hacer oídos sordos de las medidas que pretenden la conservación del ambiente: el mundo que vivimos ya no es el mismo, y tendríamos que evolucionar en la misma dirección, pero esta discusión no es tema de esta columna. Lo dejo a su criterio, y coméntenlo ustedes: agradeceremos sus comentarios por escrito sobre el tema. La lectura de hoy es una iniciativa de los lectores que desean conocer la Biblia. Y mal que le pese a algunos católicos (debo confesar que yo lo soy también), me parece que, para estar en la justa medida de las inquietudes de algunos de nuestros lectores (quienes son o  pareciese que son librepensadores), una de las primeras lecturas de este texto debería ser justamente una de aquellas cuyo tema no es tan directamente religioso: el Cantar de los Cantares.

El famoso rey sabio, Salomón, quien propuso a dos madres dividir a un niño, para averiguar quién era la auténtica madre, la que obviamente fue la que rehusó sacrificar así al pequeño…

Al respecto de lo religioso: espero que los lectores aprecien el esfuerzo de buscar para ustedes una versión electrónica libre de interpretaciones religiosas: estimo en mucho el esfuerzo de las personas que interpretan los textos de la Biblia (algunos de ellos como exégetas improvisados o amateurs), pero como el caso requería que conociesen este texto sin ninguna clase de intermediario, preferí publicarlo de esta manera. Abramos el libro: teniendo la poesía esa maravillosa cualidad de lo ambiguo, del sinsentidoprogramado, así como de lo etéreo y polisemántico, podemos leer que el texto nos presenta (al parecer) una serie de súplicas entre una mujer con una gran ansiedad de estar con el amado. En ese primer cantar, el amado le responde  con la misma intensidad, con  lo cual el tema está planteado: es sobre el amor que se profesan dos esposos. En el segundo cantar, ella espera la llegada del amado, en medio de una auténtica apología de la primavera, y lo que conlleva: la fertilidad, el florecimiento, la vida misma. En el tercer cantar, aparentemente ella ha perdido al amante, y le busca con inquietud. He aquí que se hace la mención del amante, por vez primera, como el Rey Salomón. Para muchos intérpretes literarios, ella no sabe al principio del poema, al parecer, quién es el misterioso amante, y en este cantar descubre quién es en realidad. El cuarto cantar (por mucho, mi preferido), el amante hace la delicada y metafórica descripción de la amada.

La Sulamita, adorada por Salomón

El quinto es la amorosa delectación de los amores: es la culminación del acto de amor entre ambos. El sexto es la declaración de amor a la única entre todas, a aquella que le ha hecho sentir de una forma tan intensa, (recuérdese que en esa época la poligamia era admitida). El séptimo es, en una suerte de reiteración de algún otro admirador de la belleza de ella, una nueva descripción de aquella a quien llaman «Sulamita»… Por cierto que la identidad de esta misteriosa y atractiva mujer siempre ha sido objeto de conjeturas: se dice que, en la época del Rey Salomón (históricamente entre los 970 y 930 a. C.), éste tuvo oportunidad de conocer a la mítica Reina de Saba, (cuya existencia no ha sido comprobada históricamente), y que ésta, además de llevarle prendas de su lejano reino, le permitió a Salomón probar la deliciosa miel de sus amores… En el octavo cantar se hace alusión a lo prohibido de sus amores, ¿acaso había alguna razón para que Salomón y la «Sulamita» no pudieran amarse? Se dice que la Sulamita sería de raza etíope, ¿acaso habría algún código moral, familiar o de clan que impidiera esta unión por motivos raciales? No lo sabemos. Sólo podemos leer en el último cantar que hay una idea de despedida. En cierta medida, la despedida tiene aires de lo furtivo, del escape, de quien ha hecho algo que no se desea que se sepa de su realización. Y me parece que en este final es cuando puede apreciarse que el amor posee una cualidad de lo efímero, de lo breve, de lo prohibido… En forma sumamente coloquial, con esto me acuerdo de aquella vieja canción del grupo Niche, la que vendría a cuento: «una aventura es más bonita». Sé que el comentario sobre la canción raya en lo anti-solemne y común, pero… ¿acaso no es cuando vemos reflejados fenómenos como estos en la cultura popular es cuando comprobamos en definitiva la influencia de los clásicos? No creo que, por el hecho mismo de que un texto sea clásico, deje de tratar un fenómeno (como el amor) que nos pertenece a ricos y a pobres, a vulgares y a finos, a negros y a blancos, a hombres y mujeres, u hombres con hombres, mujeres con mujeres… Espero que con esto que les he relatado, la lectura les resulte atractiva. Esta vez me despediré con una de las citas que más disfruto, en donde se describe a la Sulamita. Me parece una de las más deleitables con que se puede hablar de una mujer sensual:

(…) «Tus labios, una cinta de escarlata, tu hablar, encantador.

Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo. 

4 Tu cuello, la torre de David, erigida para trofeos: mil

escudos penden de ella, todos paveses de valientes.

5 Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela, que

pacen entre lirios.

6 Antes que sople la brisa del día, y se huyan las sombras,

me iré al monte de la mirra, a la colina del incienso.» (…)

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La Hipnosis y Los Hechos en el Caso de Mr. Valdemar (The Facts In The Case of Mr. Valdemar)

Como siempre, a un «click» de distancia, en la traducción de Julio Cortázar, esta versión de la historia de Edgar Allan Poe

Pocas personas conocen este extraño relato de Edgar Allan Poe. Mientras que al escritor se le menciona constantemente por obras como El Gato Negro, El Cuervo, (entre otras), Los Extraños Hechos en el Caso del Ser Valdemar permanece poco conocido.

Reconozco que, a veces, no entiendo porqué un cuento, que parte con la macabra interrogante de saber si después de haberte hipnotizado, puedes vivir después de que se haya producido tu muerte.

A menos que alguien decida abrir el debate en torno a la cuestión sobre los aspectos metafísicos de la muerte, el cuento de Poe posee una insidiosa sugerencia: si la vida está determinada por el cerebro, y en cuanto cesan sus funciones cesa la vida, ¿el cerebro obligado a seguir la orden hipnótica -que incide, supuestamente, en sus funciones- puede mantener la vida? Entonces, ¿qué es la Muerte…?

Decidí, pues, en esta ocasión, hablar sobre este cuento, pero declino por el momento el debate en torno a qué es la Muerte; y como siempre, evitando hablar directamente de la trama (la cual podrán ustedes disfrutar al descargar el texto), pero mencionando algunos detalles que puedan animarlos a su lectura, comienzo:

Franz Anton Mesmer (cuyos datos en Wikipedia pueden consultarse en el «vínculo») es un personaje algo conocido para quien está interesado en la hipnosis: se trata de un polémico doctor que le dio su nombre al mesmerismomagnetismo animal.

Lo que ha causado tantas discusiones sobre este hombre fue la propuesta siguiente: valiéndose de un bastón, en cuya punta se encontraba una enigmática bola de un extraño metal, Mesmer proclamaba que era capaz de curar a la gente de malestares que hasta el momento se consideraban incurables. Realizando una suerte de pases delante del paciente, quien podía sentarse o reposar en la cama, Mesmer agitaba su bastón, y de forma acompasada y lenta, la secuencia de pases lograba que el paciente se durmiera. Acto seguido, Mesmer anunciaba que el mal del paciente había sido atraído a su imán (que era ése el metal de la misteriosa bola en la punta del bastón). Le indicaba al paciente, quien se encontraba en trance, que ya estaba curado. Cuando el propio Mesmer solicitaba al paciente que despertara, éste ya se encontraba, de forma «milagrosa», curado en su totalidad.

Por supuesto, para quien tiene cierto conocimiento general en psicología, no es difícil reconocer en esta descripción uno de los elementos que emplean los hipnotizadores: los pases cumplen la misma función que otros adminículos (como el metrónomo, un péndulo oscilante, un círculo con una espiral que gira incesantemente…) que se usan para llevar al paciente a un estado donde el inconsciente puede ser influido (según explican quienes creen en este recurso). Lo más probable es que el Señor Mesmer curase a sus paciente más por este recurso y por la repetición de las frases con las que los influían, y que la bola magnética sólo fuera un mero pretexto. Sin saberlo, Mesmer, (y tal como lo reconocen algunos estudiosos) había sentado el origen de la inducción hipnótica.

En la época en la que Poe escribe esta historia (30 años después del fallecimiento de Mesmer), el tema había llamado poderosamente la atención de muchas personas en el resto de Europa y América. Poe, siendo un hombre profundamente racional y de espíritu investigador (palpable en sus relatos como Los Asesinatos en la Rue Morgue, o en el ensayo llamado El Jugador de Ajedrez de Mäelzel) no perdió la oportunidad de tratar la cuestión en este cuento.

Un narrador efectivo como Poe anuncia desde el principio (en este caso, en el segundo párrafo) el asunto de la historia:

(…) «Durante los últimos años el estudio del hipnotismo había atraído repetidamente mi atención. Hace unos nueve meses, se me ocurrió súbitamente que en la serie de experimentos efectuados hasta ahora existía una omisión tan curiosa como inexplicable: jamás se había hipnotizado a nadie in articulo mortis. Quedaba por verse si, en primer lugar, un paciente en esas condiciones sería susceptible de influencia magnética; segundo, en caso de que lo fuera, si su estado aumentaría o disminuiría dicha susceptibilidad, y tercero, hasta qué punto, o por cuánto tiempo, el proceso hipnótico sería capaz de detener la intrusión de la muerte.»(…)


Ello nos llevaría a una consideración sobre uno de los muchos misterios que rodean el funcionamiento del cerebro: algunos detractores del hipnotismo aducen que en realidad no se produce ningún estado de hipnosis cuando se emplea la inducción hipnótica, sino que se llega a un estado de conciencia alterado. Ello implicaría que, en realidad, no se influye en el cerebro, y por ende, no hay manera de intervenir en las funciones conscientes e inconscientes, voluntarias e involuntarias; por lo mismo, la propuesta del cuento carecería de verosimilitud: al no poder intervenir en dichas funciones, entonces no es posible obligar a los órganos a seguir funcionando.

Por otro lado, la tuberculosis, (que es el malestar que aqueja a Mr. Valdemar, el personaje central de la historia), es una infección que ataca a los pulmones: sin el movimiento pulmonar, no existe síntesis del oxígeno, y por supuesto no hay forma en que el resto del cuerpo funcione sin esto. La ciencia es inatacable en este punto, y con este argumento nos preguntamos cómo un escritor tan incisivo en el aspecto científico puede aprobar una trama como ésta y desarrollarla. Pero en la época de Poe no se sabía mucho de este padecimiento: si bien fue detectado desde el 460 a.C., el primer sanatorio fue abierto hasta 1854 en Görbersdorf, Alemania. Antes de este sanatorio, sólo se planteaban posibles teorías sobre esta enfermedad, y hasta ese momento, no se sabía a ciencia cierta cuál debería ser el tratamiento, y el remedio, (el que, cuando la enfermedad está muy avanzada, ya no es posible).

De hecho, la estructura misma de la historia simula un reporte médico: P…, el narrador protagonista, describe de forma puntual y precisa aún los detalles menos importantes para el lector que se ha «enganchado» con la historia desde el primer aviso, ya que la hora y día en que ocurren los eventos no parecen interesantes… A cambio, Poe destaca los aspectos ambientales y más escabrosos de lo que sucede en la historia, con el pretexto de la pretendida objetividad e imparcialidad científica. Es difícil avizorar cuándo es que el sentimiento de Poe habla en la historia. Y en eso radica la efectividad narrativa de Poe: como no debe ocuparse del estado mental del personaje (de ninguno de ellos, excepto al describir las sensaciones que se producen en el interior de P…), se siente libre de describir con sabiduría el entorno y los eventos.

Es sabido que Poe no recurre a los fantasmas o a lo fantástico, excepto como metáfora o simbolismo en su poesía, o en la desgarrada mente de algunos personajes. Pero en este caso insólito es en donde se prodiga con una descripción muy realista, que aún partiendo de lo fantástico, está sustentada en una pseudo teoría científica con rigor y precisión, partiendo de una narrativa fantástica en forma: para que exista un universo en la historia de un autor, los personajes y sus acciones se desenvuelven en perfecto acuerdo con esa leyes y supuestos. Poe respeta su teoría «científica» y su postulado, apegándose a estos de forma realista.

Otro gran escritor norteamericano (Howard Phillips Lovecraft) emplea con suma frecuencia el recurso del reporte científico, para convencer al lector de los avistamientos de ese oscuro universo de dioses malditos que pueblan el universo lovecraftiano. El más famoso de sus cuentos, La Llamada de Cthulhu, es un ejemplo.

Edgar Allan Poe.

¿Realidad o mentira? Los procesos de la hipnosis, según he podido percatarme, siguen siendo motivo de estudio en la psicología. Acaso sus efectos no sean como se espera en la ficciones literarias más ambiciosas. Pero imaginarlo nos abre una serie de posibilidades imaginativas sumamente interesantes. Hasta pronto, y feliz lectura…

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El «Chiste» de los Comics: The Killing Joke

The Killing Joke: todo un suceso a un «click» de distancia…

Recientemente comentaba con mi hermana Alejandra sobre una de las más grandes novelas gráficas (me refiero a Watchmen, que espero que se encuentre leyéndola con muuuucha calma), y se me ocurrió que, aunque no es exactamente el tipo de literatura que algunos esperarían, me propongo invitarlos a conocer un género relativamente nuevo en la literatura. Probablemente a algunos de los lectores de este blog les parezca poco serio, pero me parece que la entrada de hoy tiene el interés de proporcionarnos algunos datos sobre el personaje, cuya última película interpretada por Christian Bale está basada en muchos de los datos que voy a anotar a continuación, además de llevarlos a conocer esta nueva forma narrativa, que va adquiriendo tintes de interés y seriedad (y lamentablemente también, de nefasto eruditismo como el mío -sic.-) cada vez más.

Bob Kane (1915-1998), cuyo nombre en realidad es el de Robert Kahn, creó el personaje de Batman en 1939. Por aquella época, en E.E.U.U. los personajes como Batman, Superman, (entre otros) aparecían en tiras cómicas en algunos periódicos dominicales. Sin embargo, Batman nació en una revista llamada Detective Comics. Esta revista se caracterizaba por publicar aventuras de diversos detectives (personajes de quienes difícilmente he podido leer algo, como Crimson Avenger, e incluso el recientemente fallecido Martian Detective).

Sin embargo, Batman, en el número 27 de la mencionada Detective Comics (es un número muy buscado por los coleccionistas, y se ha reimpreso en diversos idiomas), en una aventura llamada El Caso del Sindicato Químico, aparece desde ese momento como un personaje interesante, rompiendo con los moldes de aquel entonces: a diferencia del brillante SupermanBatman mostraba un aspecto muy oscuro de la sociedad americana.

Nótese de forma tácita la similitud del diseño del uniforme de Kal-El, (Superman) y la Bandera Norteamericana. No es tan obvia como entre el de Captain America y el lábaro norteamericano, pero se nota la inspiración.

Mientras Superman representa los «mejores» valores de la sociedad norteamericana (la valentía, el orgullo, la honradez, el arrojo, el respeto por la vida humana, etc. Vaya, nunca creí que los norteamericanos tuvieran tantas cualidades -sic.-), con Batman se muestra desde el primer número que la sociedad en que vive el Hombre Murciélago se ahoga en un mar de corrupción que arrastra todo lo que toca, y que los métodos para impartir la justicia que emplea el Encapotado son todo menos ortodoxos: Batman amenaza, extorsiona, obliga, y emplea el temor para imponer su ley en la ficticia Gotham City, (creada de tal modo que a nadie debe sorprender la enorme similitud con la Urbe de Hierro, Nueva York). Lo anterior es interesante, porque se dice que tanto Superman como Captain America surgieron como panfletos publicitarios para animar a los norteamericanos durante los duros tiempos de la II Guerra Mundial, (de hecho, uno de los enemigos más encarnizados de Captain America es un tal Red Skull, quien es un criminal nazi que emplea elementos de alta tecnología para combatir al Captain America). Resulta, pues, sorprendente que Batman sea lo contrario. Pero también Batman tiene su razón de ser como propaganda.

Con lo anterior, se supone que los antagonistas de Batman tenían que reflejar ese mismo tono oscuro y denso que rodea la historia de Bruce Wayne (Batman), huérfano desde tierna edad por causa del asesinato de sus padres en un asalto a mano armada a la salida de un cine. El primer enemigo (y por el cual surge Batman) es un maleante llamado Joe Chill, (y no el Joker, como se nos ha hecho creer en la primera película de Batman en la era contemporánea, filmada por Tim Burton). Desde este evento, donde un ladrón no tiene empacho en asesinar a los padres delante de su hijo (en México, los narcos los hubieran ejecutado a los tres, -sic.-), se hace destacar que Gotham City es un lugar de locura, crimen, enfermedad y corrupción que, más que destacar la imagen de esta ciudad, muestra una violencia en forma más que realista: es terriblemente exagerada en muchos casos (p.e.: el Joker mata a Robin en las historietas de esta época, y como «detallazo» le envía una oreja del Joven Maravilla a Batman) , y aquí es donde aparece el objetivo propagandístico de este comic: a similitud de lo que se ha estudiado en el teatro Isabelino, y a propósito de una obra muy sangrienta de Shakespeare (Titus Andronicus), los estudiosos de la psicología han notado que, en un entorno violento (como sin duda lo fue el de E.E.U.U. en medio de la II Guerra Mundial), ¡el presentar una violencia aún más extrema «distrae» a la sociedad de su medio violento, y les permite vivir con mayor tranquilidad! Dicho de otro modo, el razonamiento sería: «bueno, yo estoy mal, ¡pero esos tipos están peor! ¡No es tan malo vivir como vivo, después de todo!».

Así pues, comenzando con una violencia difícil de imaginar en aquel entonces, el personaje de Batman pasó diversas épocas, en las cuales el personaje ha sufrido varias fases, como ésta, muy divertida, y que fue la que me tocó conocer de niño, y me entusiasmó por la figura del personaje (yo mismo tenía una capa y un antifaz que mi madre me había fabricado):

En los ’60 (que fue cuando se filmó esta serie), por ejemplo, mucho de la oscuridad de Gotham City fue sustituida por estas representaciones ingenuas y divertidas, y que provenían de los comics: de repente, teníamos una serie de personajes como el Bati-Duende, el Bati-Perro, Bati-Mujer y además la Bati-Chica, y un sinfín de «Batis» (yo creo que hasta Bati-Condón, -sic.-), que convivían alegremente con los villanos en un entorno incruento, sin oscuridad, y en donde el hecho de enviar de vuelta a los villanos a prisión, era como un juego divertido. Era natural: de los ’60 hasta mediados de los ’80, en E.E.U.U. se estableció de común acuerdo que los personajes deberían mostrarse como modelos de conducta, dado que los niños mayormente eran lectores, y se les debía dar un «buen» ejemplo. Es por eso que esta infamante época es conocida como la  Decadencia. No la lamento, porque así conocí al personaje. Pero muchas personas estaban desilusionadas por la forma en cómo se desperdiciaba la narrativa con base en un personaje tan interesante, y cómo lo habían convertido en un payaso aún más gracioso que el Joker.

En 1986 se dio la gran ruptura: el escritor norteamericano Frank Miller (1957- ) escribe y dibuja  The Dark Knight Returns: Batman, de más de 50 años de edad, enemigo de la justicia y perseguido por la policía, vive su última gran aventura, en la que, con lujo de violencia y brutalidad, mata al Joker, elimina de forma despiadada a una pandilla de adolescentes sociópatas, llamados The Mutants,  e incluso se da el lujo de tener a la primera Robin mujer, y enfrentarse a su amigo Superman, quien a propósito aparece en esta historia como agente del gobierno de Reagan, en un futuro donde los superhéroes está proscritos. Batman lo critica duramente por haberse «vendido» al sistema. Esta novela gráfica no sólo desafiaba el ya caduco código americano de censura sobre los personajes de comic, sino que con su aparición parecía advertirnos: «los comics no sólo son para niños». Esta Novela Gráfica es importante, pues marca el «antes» y el «después» en las historias de comics: se opta por una narrativa más madura.

Una viñeta del mencionado «Dark Knight Returns», de Frank Miller: el arte es sombrío y poderoso, como lo es la historia misma…

En 1988, Allan Moore (escritor) y Brian Bolland (excelente dibujante) publican The Killing Joke (La Broma Asesina).

En la misma línea de madurez, desde este momento hasta nuestros días, sin perder la desbordante fantasía de los escritores y dibujantes de comics, la franquicia Batman ha creado series impresionantes por su realismo: The Long Halloween y Dark Victory nos cuentan en el ambiente de realismo de la novela negra una historia de cómo desaparece la Maffia de Gotham, encabezada por Carmine Falcone, «El Romano», quien sólo puede recordarnos al Padrino Vito Corleone en un curioso homenaje de dos escritores de Batman (Jeph Loeb y Tim Sale) a la Novela Negra; otras, como la poco conocida Night Cries hacen rechinar los dientes : es un caso en el que Batman descubre como un justiciero asesina con saña a aquellos que maltratan y abusan de sus hijos, golpeándolos y castigándolos de manera infamante, quemándolos con cigarrillos, con agua hirviendo, tasajeándolos con navaja…

Una página de «Night Cries»: el arte (técnica mixta de acuarela y tinta del artista Scott Hampton) es impresionante…

En The Killing Joke se supone que sabremos cómo surge el enemigo encarnizado del Encapotado, The Joker (conocido en México como El Guasón, por la traducción y doblaje de la serie de Batman, estelarizada por Adam West). La historia no escatima violencia tampoco, pero su escritura es mucho más madura en un sentido muy literario. El Joker, por ejemplo, dice esto en un momento de la historia:

«(…)¿Recuerdas? ¡Ooh, yo no haría eso! Recordar es peligroso. (…) Los recuerdos pueden ser crueles e impulsivos (…). ¿Pero podemos vivir sin ellos? En los recuerdos se basa la razón. Si no podemos enfrentarnos a ellos, negamos a la razón misma (…)».

Se supone que, en la continuidad de los comics, éste puede ser  sólo un posible origen del Joker, pero nadie está seguro de eso: parece que a los guionistas de Batman no les gustaría afirmar que ése es el origen del Payaso Príncipe del Crimen, para seguir jugando con esa idea en otras historias. Sin embargo, no puede negarse que esta historia es ya el fundamento y referencia obligada para todo aquel que quiera desarrollar un guión sobre Batman y Joker. De hecho, en los últimos números que he leído, ya se acepta esta historia como la «oficial» del origen del Joker: en una serie llamada El Regreso de Hush, el Joker «recuerda» cómo sucedió aquel evento en que se volvió el archi-enemigo de Batman.

La historia es interesante para cualquiera que tenga algún interés en cultura popular y la psicología, pues en ella se establece algo que por obvio no le gusta reconocer a muchos: BatmanJoker son complementarios, porque ambos están locos. En un intento por definir la locura, podemos quedarnos pensando, al leer esta novela gráfica, si no hay algo de razón en pensar que la ansiedad absoluta por la justicia y la ansiedad absoluta del mal no son sino sólo una misma cosa. Quizás en la profundidad de esta reflexión está la razón por la cual fue Batman y no Superman el personaje elegido para cuestionar a la sociedad norteamericana.

El arte de Brian Bolland, además del guión de Moore, también es de destacarse: observen ustedes, en la última página, un detalle en las gotas de lluvia: es la forma gráfica de expresar la relación entre los dos personajes centrales (aunque, justo es decirlo, en The Killing Joke el verdadero protagonista es el Joker).

Finalmente, Bob Kane reconoció que Bill Finger (1914-1974) y Jerry Robinson crearon al prototipo de Joker a partir del cartel de la adaptación fílmica de una historia poco conocida de Victor Hugo, L’Homme Qui Rit (El Hombre Que Ríe). Esto nos muestra a qué nivel está la creación artística de comics en E.E.U.U., donde cada una de estas piezas tiene una profundidad literaria que sorprende cada vez más. Y espero que ustedes también se sorprendan. Hasta la próxima.

Qué miedo…

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Peleando Guerras en la Soledad: Las Batallas en el Desierto

Una de las obras más famosas del Premio Cervantes 2009

Una de las obras más famosas del Premio Cervantes 2009

Tarde o temprano

Homenaje a Nezahualcóyotl


I

No tenemos raíces en la tierra.

No estaremos en ella para siempre:

sólo un instante breve.



También se quiebra el jade

y rompe el oro


y hasta el plumaje de quetzal se desgarra.


No tendremos la vida para siempre:

sólo un instante breve. (…)

– José Emilio Pacheco (Fragmento) –

Saludos desde esta parcela, donde ayer estuve de fiesta con mi esposa, con quien cumplí nueve años de compartir el camino (así que me encuentro con un ánimo algo festivo). Dicho lo anterior, hablar ahora de una obra cuyo tema es el amor, parecería un lugar común. Sin embargo, desempolvé este libro con la esperanza de que compartamos un genial texto de un querido autor mexicano, y nos acordemos que, por mucho que nos cueste trabajo, debemos evitar que el amor se convierta en (…) «una enfermedad en un mundo en que lo único natural es el odio» (…), tal como dice Carlitos, el protagonista de esta novela, en un momento muy difícil y complicado de la historia.

Es una de las lecturas más entrañables que conocí en mi madurez, ¿en mi madurez? sí, en mi madurez. Pero, ¿cómo? No lo sé. A veces, queriendo leer uno tantas cosas, te hallas con que tu tiempo, tus ojos y tus recursos económicos son insuficientes para conseguir todo lo que te recomiendan. Así que confesaré que primero alguien me sugirió el libro (creo que en alguna de esas juntas de maestros). Y luego, me intrigó el texto de una canción de Café Tacvba que oí por ahí. Como buen fan del rock que soy, y con el gran respeto que le debo a una banda como Café Tacvba, decidí que me enteraría del origen de la letra de esa canción.

Con esos dos estímulos fue suficiente para animarme a conseguir el libro. Dicen bien que cuando algo es realmente bueno, lo consigues con los «piratas». Y fue precisamente en uno de esos puestos donde encontré que este libro se distribuye generosamente, y las copias sobran del mismo, como ahora las copias de Aura ahogan los estantes.

Sé que en algún momento del camino me encontré con este texto, buscando lecturas interesantes para mis alumnos. Y por supuesto, la invitación es sumamente tentadora para cualquier lector ávido de asuntos, digamos… «Sugerentes», para que suene discreto: un niño pre-adolescente se enamora de una mujer mayor: la mamá de su mejor amigo. Y una de las escenas es bastante llamativa. Carlitos llega a casa de Mariana, y…

(…) «Mariana cruzó las piernas. Por un segundo el kimono se entreabrió levemente. Las rodillas, los muslos, los senos, el vientre plano, el misterioso sexo escondido.» (…)

¿Qué más se necesita para picar la curiosidad? En alguna ocasión leí que  no es sólo la ignorancia de lo que va a suceder a continuación, sino más bien el activo deseo de llegar a saberlo, un deseo que ha sido suscitado por un estímulo previo. En pocas palabras: los lectores somos víctimas del morbo. Y hay dos cosas que en literatura, hasta ahora, he visto que atraen poderosamente la atención: la violencia y el sexo. Estímulos poderosos. y efectivos.

 Los lectores de Nabokov y su Lolita podrían protestar ahora que la historia de la seducción, invirtiendo los sexos de sus protagonistas, podría no tener la misma efectividad que en el texto de Nabokov, hasta que uno entiende que la meta de José Emilio Pacheco es muy distinta de la del buen Vladimir.

En El Principio del Placer, de nuestro autor de hoy, por ejemplo, un jovencito se enamora de una joven, obligada a vender sus favores, y todo transcurre en medio del pasmo del niño, quien no entiende qué es una trata de blancas, y apenas conoce algo del mundo. Y lo que descubre del mismo no es alentador. Sin embargo, uno podría imaginarse una oscura y retorcida historia en la que la joven prostituta se aprovechará del niño-adolescente que le quiere entrañablemente. Sin embargo, sin arruinarles las sorpresa sobre ése libro, sólo les diré que el final sorprende a quien espera esa perspectiva. Así que podríamos ver que José Emilio Pacheco gusta, como todo buen escritor, de «jalar» al lector con poderosos ganchos que nos estimulan a continuar la lectura. Es así, y no de otro modo como yo entiendo la fascinación que produce este texto. Pero cuando vamos descubriendo otros motivos, entendemos que tanto El Principio del Placer como Las Batallas en el Desierto quieren llevarnos a otros terrenos.

De niño me dijeron que me llevaron a un psiquiatra. En la obras hay una escena en la que Carlitos debe ir al psicólogo, quien le aplica varias pruebas (entre ellas, el famoso «Test de Rorschach»). Hay también una psicóloga, y ambos discuten:

(…) La muchacha que me hizo las últimas pruebas conversó delante de mí con el otro. Hablaron como si yo fuera un mueble. Es un problema edípico clarísimo, doctor. El niño tiene una inteligencia muy por debajo de lo normal. Está sobreprotegido y es sumiso. Madre castrante, tal vez escena primaria: fue a ver a esa señora a sabiendas de que podría encontrarla con su amante.

Discúlpeme, Elisita, pero creo todo lo contrario: el chico es listísimo y extraordinariamente precoz, tanto que a los quince años podría convertirse en un perfecto idiota. La conducta atípica se debe a que padece desprotección, rigor excesivo de ambos progenitores, agudos sentimientos de inferioridad: Es, no lo olvide, de muy corta estatura para su edad y resulta el último de los hermanos varones. Fíjese cómo se identifica con las víctimas, con los animales y los árboles que no pueden defenderse. Anda en busca del afecto que no encuentra en la constelación familiar.

Me dieron ganas de gritarles: imbéciles, siquiera pónganse de acuerdo antes de seguir diciendo pendejadas en un lenguaje que ni ustedes mismos entienden. ¿Por qué tienen que pegarle etiquetas a todo? ¿Por qué no se dan cuenta de que uno simplemente se enamora de alguien? ¿Ustedes nunca se han enamorado de nadie? (…)

De alguna manera, me identifiqué con la escena, pues un imbécil psiquiatra me recetó Ritalin cuando aún no sabía porqué un niño que acostumbraba hacer dibujos con colores violeta, negro y rojo era necesario controlarlo. Al cabo del tiempo, me enteré que porque (según) yo era violento… Vaya. No sé por qué con tan promisoria perspectiva no me dediqué a sicario en vez de a «Pobresor», (perdón, quise decir «profesor»)

Lo sorprendente es que muchos alumnos míos (varios de ellos asiduos visitantes al psicólogo, y más del 80% nada convencidos de la utilidad de tales visitas) se identificaron con este episodio, y acaban lanzando rabiosos reclamos como el de Carlitos. Y es en este fragmento que encuentro mucho del sentido de la obra: ¿por qué etiquetar todo? ¿por qué clasificar todo, y con ello, abrir de par en par las puertas a la discriminación, al prejuicio y a la subjetividad?

Las Batallas en el Desierto (aquí, en .pdf), narra la dolorosa historia de un niño quien, en medio de un desierto de incomprensión por causa de la gente ciega e imbécil, tiene que librar duras batallas para entender qué demonios pasa con el amor en esta época. El talento poético de J. E. Pacheco es sólo comprensible cuando se ha leído por completo la obra, y ésta es la mejor muestra de cómo un poeta (de quien no resistí copiar al principio de la reseña un bello fragmento) puede ser un narrador tan efectivo. Y de cómo la metáfora más auténtica es aquella que expresamos en lenguaje llano, simple, sencillo…

(…) demolieron mi casa, demolieron la colonia Roma. Se acabó esa ciudad. Terminó aquel país. No hay memoria del México de aquellos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola.(…)

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Doce Cuentos Peregrinos (Extraños Peregrinos: Doce Cuentos)

Me produjo una incómoda sensación que el hermano del «Gabo» comentara recientemente ante los medios que el genial creador de «Cien Años de Soledad» comienza a sufrir los embates de la demencia senil, aunque la vive -según dice- con alegría y consuelo. Mi sensación proviene del vínculo que he llegado a crear con la literatura de García Márquez: no se trata, como en otros casos, de la obligatoria relación que un profesor debe tener con los autores literarios. No. Se trata del vínculo que he llegado a crear por causa de que es el autor favorito de mi madre. Me pone triste pensar que tanto el «Gabo» como mi madre deben crecer, y sufrir las crueles leyes de la vida, que indican que los seres humanos, en la vejez les pasa, tal como dice Shakespeare, en su obra «As You Like It», que…

(…) La sexta edad nos trae
al viejo enflaquecido en zapatillas,
con gafas en la nariz y la faltriquera al costado;
con las calzas juveniles bien guardadas,  ahora anchísimas
para tan huesudas zancas; y su gran voz
varonil, que vuelve a sonar aniñada,
hoy le pita y silba al hablar. La escena final
de tan singular y variada historia
es la segunda niñez y el olvido total,
sin dientes, sin ojos, sin gusto, sin nada. (…)
Por eso, una de las cosas con que quisiera comenzar, es con un libro del «Gabo». Para no olvidarlo a él, y para que siempre pueda recordar con gusto una de las cosas que me ha enseñado mi madre: la literatura de García Márquez.
Una de las cosas que es bueno recordar es que, al igual que en «Cien Años de Soledad», no es necesario estar recordando ni genealogía, ni demasiados datos. Sólo hay que leerlo, y dejarse llevar por la suave prosa de García Márquez, que a diferencia de J.K. Rowling, no está afectada por infinidad de adjetivos (por eso el «Gabo» es quien es, y la Rowling sólo es la autora de Harry Potter. Y eso va para quien dice que García Márquez es un «best seller»). Permite que los cuentos se deslicen en su accionar de manera sencilla y, en el caso de este libro, de manera sumamente lírica, poética.
Excluyendo su «Memorias de Mis Putas Tristes» y la «Noticia de un Secuestro», el libro de «Extraños Peregrinos: Doce Cuentos» es para mí el último texto más literario de García Márquez, pues sus cuentos no son sólo historias: son metáforas, poesías de sus desesperados personajes por encontrar algo más allá de la realidad, que de tan grosera, común y corriente, debe tornarse mágica y debe ser una oportunidad de escape al Cielo… O al Infierno.
«Sólo Vine a Hablar por Teléfono» es, por ejemplo, la historia de una triste mujer que, habiendo sufrido un percance en la carretera, busca ayuda y llega a un manicomio donde, sin más ni más, la recluyen, pensando que es una interna. Ella cree que demostrando su cordura, saldrá sin problema… Bueno: eso cree ella… Y ustedes pueden enterarse leyendo completa esta historia, que es una de las que más me gustan de este libro, pues me remite a pensar si no será mejor estar locos, y estar inconscientes de esta absurda realidad…
«Sólo la poesía es clarividente», dice Neruda, como personaje en «Me Alquilo Para Soñar», historia en la que Frau Frida parece adivinar a través de la original interpretación de sueños una serie de eventos extraños, trágicos y curiosos… Pero, ¿qué pasa cuando se sueña que se sueña? García Márquez le hace un curioso homenaje al autor oriental Tsao Hsue Kin y su cuento «Sueño Infinito de Pao Yu» con esta historia. A propósito, ¿no es curioso que los autores occidentales como Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges vuelven sus ojos a esta literatura, y la dan a conocer a través de antologías, y que también Gabriel García Márquez haya hecho una historia con esta influencia? Algo han de tener los orientales, por supuesto. Por eso, hay que leerlo.
«La Luz es como el Agua» es la metáfora que nos lleva a navegar, ni más ni menos, que en la luz: dos niños insisten en que se les compre un bote de remos en un lugar donde no hay agua para navegar. Pero a cambio cuentan con la poderosa capacidad de la luz de ser como el agua…
Por el estilo, el resto de los cuentos, que son una auténtica iluminación. Algunos críticos deploran que García Márquez cedió a la tentación de la literatura «best-seller», pero no creo que sea fácil entender los cuentos de esta colección, ni tampoco tan complicados como para no ser asequibles al gran público. Por eso se los entrego en esta reseña.
«Extraños Peregrinos: Doce Cuentos» me parece la más entrañable propuesta de García Márquez de recuperar, tal como lo hiciera desde «Cien Años de Soledad», ese realismo mágico que de la narrativa da el brinco a la poesía, al lirismo, a través de las nobles obsesiones de sus personajes.
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